10 May 2015

Iluminación y desengaño. parte II.

La piscina de la finca llegó a convertirse en un lugar maravilloso para el intercambio de impresiones sobre la marcha de nuestro edificio y, tengo que reconocer, que gracias a ello con el tiempo pude llegar a encontrar más propietarios disidentes, incluso a forjar algunas buenas amistades. También es cierto que ya me había dado a conocer gracias a dedicar cierto tiempo del día a contestar los continuos emails del presidente, en los que intentaba arrojar, de algún modo, otra opinión que casi siempre iba encaminada a rebatir los argumentos que presentaba como verdades irrefutables e incuestionables. Aquí también comprendí el temor que sentían los emperadores romanos a sus termas, pues mucha conjuras del senado emanaban precisamente de ellas. 


Precisamente, una de las características más, digamos sobresalientes de este individuo egolatra, consistía en el hecho de que cuando no era capaz de convencerte con argumentos, pues estaba claro que no era posible deformar la realidad o cambiar los hechos, sacaba de la chistera el argumento de los votos. Es decir: "lo haré así porque tengo los votos de la Junta de propietarios por lo que estoy legitimado para dirigir esto a mi antojo". De esta forma, su interlocutor, en este caso el que escribe, se quedaba desactivado pues llevaba razón aunque esta no estuviera de su parte. Recuerdo una de sus frases prefabricadas que más usaba delante de su público: "No pretendo vencer, sino convencer". Y vaya que convencía...a la fuerza ahorcan. 


He omitido conscientemente el oficio de este individuo execrable pues de esta forma será mayor la sorpresa del lector cuando descubra su profesión. En los primeros contactos ya se cuidaba mucho de hacerte saber a lo que se dedicaba, pues de esta forma tenía bien claro que el ciudadano medio sería incapaz de cuestionar sus decisiones. Por inverosímil que parezca, en el mundo impera una antigua costumbre: La gente es lo que parece. En otras palabras, un título universitario, una respetable profesión, un buen puesto...actúan como una buena capa que todo lo tapa. Es por ello que nadie normal, digamos, podría poner en entredicho o ni mucho menos atreverse a cuestionar sus intenciones por muy espúreas que estas puedan parecer. Quién podría pensar mal de alguien que se dedica a salvar vidas, que ha realizado el juramento hipocrático, que dirige un equipo de personas para salvar y mejorar la vida de la gente común y corriente. 
Así es, es neurocirujano...vaya, y parece ser que de los mejores.

Durante esa primera Junta General ocurrieron muchas cosas que me precipitaron todavía más al abismo y también a la incomprensión. Recuerdo como en el último punto del día figuraba la aprobación de las cuentas. El resto de puntos no importan demasiado, pues realmente consistían en hacer apología de sus planteamientos y sobre todo de crear la impresión de que el edificio estaba realmente hecho una ruina y que en realidad únicamente era un despropósito de enorme magnitud para sus promotores. Con el hábil empleo de un cañón proyector, una sala con una acústica deficiente, unas sillas bastante incomodas y con firme propósito de alargarse todo lo posible en su exposición, se dirigía al público como un actor del club de la comedia..y, la verdad, a veces conseguía hacernos reir a pesar de lo trágico de la situación. No sé si lo llevaba preparado o no, mucho me temo que sí, al más mínimo detalle, pues su personalidad controladora compulsiva no era capaz de dejar nada al azar, es por ello que gustaba tomar la palabra y no dejar intervenir, ni mucho menos preguntar. Desde el punto de vista de un especialista en Marketing y, la verdad, es este un asunto que me ha interesado bastante no solo desde el punto de vista personal, sino también profesional al tener que impartir el módulo de Marketing Internacional de un Ciclo Superior de Comercio Internacional. Pues bien, el control de las técnicas expositivas, el empleo de las imágenes mucho más que las palabras, un vocabulario directo y simple, plagado de adjetivos y lo más importante, siempre apelando a las emociones, siempre apelando al hecho de haber sido atropellados por una multinacional sin escrúpulos que no dudaba en falsificar documentos, en vender pisos defectuosos y en definitiva cometer un fraude.



Sabía inculpar sin señalar, mencionando el nombre una y otra vez para que los allí presentes lo recordasen, pero no como algo abstracto, sino como algo personal, es decir, asociándolo siempre a algo negativo. Cuantas veces mencionó mi negativa a "colaborar" con la comunidad. No como él y sus secuaces, que eran los perfectos altruistas a lo que habría que rendir pleitesía perpetua. Incluso llegó a falsear el acta asociando mi nombre al de otro propietario al que previamente había colgado el cartelito de enemigo de la comunidad por ser el cuñado de uno de los ejecutivos de la promotora. Así es...ese fue su delito. Y el mío, simplemente cuestionar sus decisiones y exigir el cumplimiento de la ley de propiedad horizontal, que por aquel tiempo, mi inocencia todavía me hacía creer en la justicia y en su eficacia para reparar estas y otras afrentas. Ayy¡¡ cuán equivocado estaba. Qué fácil es estafar en este país cuando das con un filón de idiotas con dinero¡¡

En un momento dado, después de varias horas, he dicho bien, varias horas, cedieron la palabra a una abogada representante de la promotora, pues realmente querían de alguna manera llegar a un acuerdo, después de todo no todo estaba bien y esto también era una realidad. Prácticamente esta mujer no tuvo apenas tiempo de hablar o exponer nada, excepto para cuestionar la diatriba de la que como el resto acababa de ser testigo presencial. Pero rápidamente fue increpada por unos exaltados que no querían escuchar, sino más bien lincharla o algo parecido, pues los insultos y el vocerío imperaba por toda la sala. Yo estaba sentado por el final y el clima no podía ser más hostil: luces apagadas, gente en píe vociferando, profiriendo insultos hacia la promotora y hacia su representante, insultos que no cesaron hasta que se marcharon de la sala. 

Qué sencillo fue para este domador de masas plantar la semilla de la cólera, ésta si que es su verdadera vocación y al parecer no podía dejar de ejercerla ni en su lugar de trabajo. Ya lo dijo Goebbels: una verdad es una mentira repetida mil veces. Qué bien conocía a las masas¡¡ Sus acólitos estaban estrategicamente situados en la sala, interviniendo cuando era oportuno a un gesto de su mentor o interrumpiendo cuando la ocasión lo exigía para evitar cualquier intervención molesta a sus objetivos. 

También, creo que fue en esta Junta (como podéis ver da para mucho) en la que se presentó el perito que había realizado el informe de daños del edificio y que a la sazón serviría de base para interponer la demanda. Llegó a cobrar unos 120.000 € prácticamente de una tacada, y fue presentado como una eminencia pues daba clases en la politécnica de Valencia. Desde luego no se puede negar que por un informe plagado de faltas de ortografía y bastante repetitivo sabía cobrar. La cifras de este rascacielos eran demoledoras, abrumadoras...enormes y realmente asustaban. De ahí que el presupuesto se disparase a una tan descabellada cifra. 

Luego cogío la palabra el ilustrisimo "el Bolas", nuestro abogado defensor. El mismo que ahora nos tiene demandados exigiéndonos una suma mayor por sus servicios. Este miserable gordo encorbatado, sin el más mínimo remordimiento desde el principio planteo que su precio sería alto, tanto como lo permita el colegio de ladrones abogados en el que está inscrito. Ello significa que se lleva un porcentaje de la demanda y claro, debido a que ésta figura ligeramente inflada, el pellizco no es nada despreciable. Una demanda de 28 millones de €. Jaja..no es una broma ni me he equivocado¡¡ baste decir que el Aeropuerto de mi localidad costó 9 millones con todo incluído. En fin, un auténtico disparate que justificaban de la forma más peregrina, pero que realmente tampoco importaba, pues el resto de comuneros tampoco entraría inicialmente a cuestionar esta u otra valoración y por ello contaron que esto se debía a que el juez lo dejaría en la realidad cuando dictase sentencia, que era algo habitual. Es decir, mentir, engañar, falsificar documentos, declarar ante un juez datos falsos...es habitual. 

6 horas y media después, con dolor de cabeza incluido, se vota la aprobación de las cuentas...y claro, quién podría discutir ahora una simple partida, podrían haber puesto 1 millón de € que a buen seguro habría salido igual. Únicamente mencionar que 5 comuneros nos opusimos a las mismas y una abstención. El resto, y hablo de más del 60% voto a favor, claro...que la mayoría de ellos por delegación en la figura del presidente, ¿de quien si no?

Así es, llamada a llamada, hora tras hora, con los fondos de la comunidad, se ganaba la confianza y, lo que es más importante, el voto de los confiados propietarios que creían a pie juntillas todas las fabulaciones que este individuo les contaba. Qué habilidad para mezclar verdades con mentiras, qué habilidad para forjar falacias y sobre todo para manipular a los incautos que caen en sus redes. No hay un forma eficaz de combatir a este tipo de individuos corrosivos, excepto manteniéndolos a una distancia de seguridad. Keep away¡¡

Me sentí feliz el día en el que un propietario mayor, no exactamente jubilado, de nacionalidad italiana se acercó a mí en la piscina y papel en mano trató de explicarme lo disparatado de las cifras que se pretendían aprobar en breve. No miré el papel, pero si la alegre cara de aquel individuo un tanto regordete y con ojos vivarachos, y debido a que a estas alturas tengo un afinado sentido del olfato para la naturaleza humana (puede que sea deformación profesional) comprendí que estaba ante un aliado, ante un igual. Hasta ese momento ni siquiera mi propia familia me creía. Pero este hombre con su pecular forma de hablar, de expresarse no sin cierta dificultad, captó mi atención inmediatamente, pues el trataba de convercerme a través de los números que hubiese sido la forma, digamos, más natural de hacerlo, sin embargo, no me convenció de nada excepto del hecho de que estaba ante un hombre singularmente listo. Vale, no tiene carrera, pero tiene la experiencia de la vida y sobre todo la mente de alguien que ha sabido amasar una fortuna con su trabajo, un trabajo honrado. Para ganar dinero con un trabajo de este tipo hay que ser muy espabilidado y este señor lo era y lo es. 

Si, también recibí alguna visitas que prefiero olvidar. Como la de un viejo que siendo consciente del disparate y el atropello al que estabamos siendo sometidos, el día de la Junta se calla. Esto lo hizo más veces. Valoro por encima de todo la coherencia en las personas, por ello cuando me decepcionan en este sentido, lejos de perdonar o comprender, digamos justificar, me embarga una profunda sensación de desprecio, que por supuesto se manifiesta a través de mi indiferencia. 

No negaré que en determinados momentos de ofuscación ante una situación que escapaba a mi control llegué a plantearme situaciones desesperadas como unirme al enemigo aceptando su ofrecimiento de trabajar para ellos. Sin embargo, tener principios morales implica que debes aceptar tu destino aunque ello te joda de alguna manera. Pero para mí sería como aceptar un cargo de contable de Hitler siendo judio. 

Un mediodía, después de comer, serían las 15,30 pm, estaba asomado a la terraza de mi apartamento y veo al presidente corretear por las zonas comunes con otro de sus lacayos, en este caso, la palabra está perfectamente empleada, el portero. Aparentemente estaba revisando algunos daños y se dirigian hacia el interior de las zonas comunes, la planta de los ascensores. Bien, quemado como estaba y sabedor de que este individuo me estaba robando impunemente, me dirigí casi por instinto a su encuentro, cosa que ocurrió nada más llegar a esa planta...el corazón se me salía del pecho y mi entendimiento, el poco que podía quedar, únicamente alcanzaba a sentir un odio mortal hacia aquel individuo que se había burlado de mí y me había negado las cuentas de la comunidad. Me estrecho la mano y se la recogí aprentando fuertemente al tiempo que le miré a los ojos y le dije: "hola ladronzuelo". Después lo llevé a un ascensor casi de la solapa y realmente lo hubiera machacado de no ser porque el portero, su fiel perro guardían, entró y no dejo que marchará. Pensé en arrojarlo desde la azotea. Creo que en aquel momento me habria sentido bien aunque ello arruinase mi vida. 
El únicamente se justificaba de una u otra forma pero sin convencerme, más bien todo lo contrario. Llegó a decirme que aquí había mucho dinero y que por ello el lo estaba ordeñando. Ahí quedó la cosa, pues le amenacé de muerte al muy hijo de la gran puta. Por supuesto que no me denunció ni nada similar, pues en el fondo saben que remover el estiércol únicamente perjudica a su causa. 

Otro lacayo especialmente inmundo era "el cojo manteca", a la sazón Vicepresidente de la comunidad y propietario del apartamento más bajo del edificio. Siempre justificaba cualquier acción del villano de su amo con el hecho de que había sido especialmente perjudicado con la compra de una vivienda que, según él, estaba plagada de defectos constructivos. Sin embargo, siempre olvidaba mencionar que, como cualquier otro, tuvo tiempo de revisar su apartamento antes de firmar...por lo que en este sentido sus lágrimas no estaban justificadas en absoluto. A más a más, una vez realizada la auditoria de cuentas ( a esto le dedicaré otro capitulo) se demostró que había cobrado muchas cantidades e incluso comidas a costa de la comunidad. Llamaba la atención la cantidad que mensualmente se le retribuía como compensación por las llamadas telefónicas realizadas por temas comunales, por supuesto, sin justificar ni aportar documento alguno. ¡ qué tiempo tan feliz¡ Todo quedaba en familia. 

Un hecho realmente interesante es que todo el mundo con el que tuve la ocasión de hablar en aquellos tiempos, y que por alguna u otra razón tuvieron que tratar a este individuo, invariablemente lo calificaban como un cretino, y prácticamente no lo podían ver. Este también era mi caso. Le denominé "el cojo manteca" y probablemente le iba a la zaga a su homónimo.  Junto con el portero, conformaban el brazo ejecutor de la red de ladrones tejida en torno al edificio. Intoxicaba a los propietarios con informaciones falsas relacionadas con cualquier obra realizada en el edificio. Me explico. 

En un momento dado, la promotora, procedió a la reparación de la puerta metálica que permitía el acceso a los bomberos, siendo sustituida prácticamente. Además, como habíamos sufrido daños por agua derivados de una inundación residual después de un aguacero en Benidorm, la promotora nuevamente procedió a realizar obras de acondicionamiento consistentes en levantar el suelo de hall y la entrada para permitir el desagüe sin que se dañe el terrazo de mármol, incluso realizaron un acceso para minusválidos. Pues bien, el departamento de publicidad del presidente, en este caso personalizado en su brazo derecho "el cojo manteca", se encargaba de decir a todo el mundo que las obras habían sido realizadas por su junta. Se atribuía los trabajos. Es de comprender que muchos  propietarios fueran auténticos fans de este tipejo. 

Me gustaría resaltar la capital importancia que estos individuos execrables, sin escrúpulos, que trabajan más o menos en la sombra y que distorsionan la realidad a su antojo, poseen dentro del cuadro ejecutor del Plan de estafa previsto. Por ejemplo, un aspecto constante a lo largo de su mandato era el hecho de informar insistentemente acerca del más mínimo desperfecto sufrido en la finca; bien fuese un recalo, bien una fuga de agua en el sistema de riego, como el desplome de un techo de escayola, etc...nada escapaba a su aguda visión capaz de detectar el más mínimo defecto constructivo. Igual de eficaz, sino más, lo era a la hora de informar a los propietarios acerca de los mismos, con una particularidad: exagerados.  Por una lado, estaba pues la eficaz campaña de desprestigio del edificio que ya había transcendido el ámbito local y por otro la impresión del mismo ante una visita real. Esta última era particularmente sangrante para todos aquellos que vivíamos aquí o pasabamos largas temporadas. 

A unas cuotas infladas tenías que añadir la decepción de encontrar el edificio en un  estado lamentable, decadente, llegando a presentar un estado de abandono realmente preocupante. Cualquier pequeño desperfecto, por fácil que pudiera resultar su solución, quedaba pendiente por orden expresa del presidente. El propio jardín llegó a presentar el aspecto de un solar de obra, más que de jardín de residencial de lujo. Digo esto con un servicio de jardinería contratado expresamente por la comunidad y que nos costaba unos 1.200 € mes más IVA. Era sangrante ver (desde la perspectiva de propietario) como no hacían nada, excepto limpiar algo de broza y cuando se les preguntaba por ello, siempre respondían lo mismo: Lo siento, son ordenes de presidente. No tocar nada.

Éramos noticia como un residencial de lujo pero prácticamente inhabitable. Una ruina de vivienda. Ese fue el san benito con que tildaron a nuestro residencial y que, desgraciadamente, a día de hoy, todavía persiste en el imaginario colectivo de Benidorm. La estrategia era (al menos para mí) mucho más que evidente: mantener el status quo de la finca inalterado. La promotora atrapada sin posibles ventas, los propietarios atrapados sin posibles ventas, los inversores atrapados sin revalorización, los inquilinos sin disfrute de servicios en un edificio deteriorado. En fin, el caldo ideal para el cultivo de demandas, para la facturación de servicios ficticios, para la indignación general que sirve de base a cualquier acto desesperado propuesto por el presidente, aunque sea contraproducente a corto plazo.  





No comments:

Post a Comment