8 May 2015

La visita previa y la compra. Apartment Parte I

Todo lo que aqui cuente es una historia verídica por más que en algún momento ciertos personajes, descripciones o situaciones podrían parecer surrealistas al lector. 

Para entonces la crisis financiera y más concretamente la denominada crisis del "ladrillo" estaba en todo su explendor, en su cenit. Las cifras de desempleados aumentaban día tras día sin solución de continuidad y realmente el clima que se respiraba para todos aquellos ajenos a éste u otros sectores afectados era realmente alarmante. Incluso para un trabajador de la administración pública, como es mi caso, el miedo que normalmente debería pasar de largo por mi puerta, se detuvo durante un tiempo demasiado largo...estaba realmente acojonado; pues nunca antes (con más de 25 años de trabajo practicamente inenterrumpido) había sentido un temor similar a dejar de percibir la nómima mensual. Pero así fueron aquellos tristes años en los que muy pocas familias o amigos quedaron fuera del juego de la vida. El dinero es el lubricante vital. 

Bueno, mejor me dejo de rollo y paso a los hechos lo antes posible, aunque siempre considero que para comprender una historia, sea cual sea su carácter, es mejor contextualizarla para dotarla de mayor, digamos, comprensión. 

Desde niño sentía una cierta curiosidad con el solo hecho de escuchar su nombre en las noticias con un marcado acento veraniego. De esta forma, su evocador nombre, quedó asociado en mi imaginario personal a: vacaciones, sol, ocio, mar, playa, turistas y sobre todo a extranjeras en top less. 

Qué tal unos fotos para abrir boca?








 
Un día cualquiera recibo una llamada de mi cuñado y me plantea la posibilidad de desplazarnos a Benidorm para echar un vistazo a un enorme bloque de apartamentos que, según parece, acababan de sacar a la venta con unos precios bastante tentadores dadas las características de los mismos. 

Así lo hicimos. Dada la cercanía con nuestra ciudad, allí nos plantamos. Fuimos directos a la inmobiliaria que los promocionaba y que tenía el nombre de la propia entidad financiera promotora. Hoy día ya no existe esta entidad y los apartamentos, de alguna manera, han pasado a manos de la empresa constructora, el otro socio promotor. No daré más datos debido a que, al menos de momento, no pienso mencionar nombres que al fin al cabo no aportan nada al relato. 

Realmente las vistas, su ubicación en la sierra, siendo uno de rascacielos de los más altos de Benidorm, lo que ya es mucho decir en una ciudad que cuenta con la mayor tasa de rascacielos de Europa (hay más de 325), convirtieron la visita en algo memorable e impresionante. Más aún cuando la vendedora nos cuenta las condiciones de venta tan espectaculares de las que gozaban estos apartamentos. Pues bien, aquí fue dónde mordimos el anzuelo y, podríamos decir, que lo tragamos bien hondo. Sea como fuere, apenas un mes después y luego de apretar un poco más a la promotora, mi hermana, mi cuñado y yo estabamos de nuevo camino de Benidorm pero esta vez con el objetivo de cerrar la compra y firmar las escrituras. Qué bien lo celebramos en una marisquería local¡¡ 

Para alguien de clase media el mero hecho de haber tenido la posibilidad de disponer de una segunda vivienda en la playa, supone un orgullo dificil de explicar, especialmente cuando has sido capaz de disponer (no diré invertir) de unos ahorros sudados gota a gota y que junto a una modesta hipoteca nos permitieron disfrutar de lo que a todas luces nos parecía un lujo. Nos pareció el final lógico de un proceso neoburgués: vivienda habitual, coche y apartamento. El paradigma de la clase media acomodada. Pero eso sí, adquirido con muchas dosis de esfuerzo e ilusión; máxime cuando la situación económica nacional no estaba precisamente para echar cohetes.  

En honor a la verdad, los primeros meses después de adquirir el apartamento, los viajes, el proceso de amueblado, los paseos interminables por la playa de Levante y, sobre todo, más de una pinta a la orilla del mar, hicieron de mi un hombre realmente satisfecho, por qué no decirlo.

No tenía idea de que estaba en la antesala del infierno, en la calma que precede a la tempestad, y...ese mismo verano, durante el mes de Julio, recibo la llama del presidente de la comunidad anunciándome que no me pasará las cuentas del ejercicio que se pretenden aprobar en breve. Así de simple comienza el infierno, el descenso al abismo: de las vistas iconmensurables de mi apartamento al más oscuro vacío imaginable. 

Dada mi cualificación en temas económicos, digamos, que ya había detectado ciertas incongruencias en la gestión de la finca; cierto es que era un recién llegado y el presidente me pareció un personaje realmente estrafalario, no ya en su forma de vestir sino en su forma de comportarse, de expresarse, de escribir. 

Recuerdo perfectamente mi primer, digamos, contacto oficial con él. Estaba realizando la instalación de las luces de la cocina con ayuda de mi sobrino que vive en Benidorm, llaman a la puerta a eso de media tarde, más bien finiquitando el día, abro y veo la estampa: Un tipo enjuto, de mediana estatura, vestido de marrón caqui con ropas de los años 70 y un viejo tullido con un bastón; el presidente y el vicepresidente. Vaya honor¡¡

Casi sin introducción se cuelan en el apartamento, pues los mantuve en la puerta durante un tiempo, y comienza a soltarme un speech acerca de la mala calidad de la construcción y de que había sido objeto de una estafa. Todo eran defectos, desperfectos, errores monumentales de diseño, ausencia de objetos, y otras muchas cosas más que apenas recuerdo. Realmente estaba asombrado pues mi percepción de la realidad nada tenía que ver con la suya, ni mucho menos...opuesta. Ejemplo, un desnivel del techo del salón que obviamente daba cabida al aire acondicionado, para él era un error imperdonable de diseño que afeaba el salón enormemente. Sin embargo, para mí era algo elegante y diferente que para nada estropeaba la linea del salón, por así decir. 

En un momento dado, los eché...así sin más. Intentaron que firmara unos papeles para aderirme a la demanda que ya estaba en curso desde hacía más de año, sin embargo, no consentí, no ya en aquel momento, sino jamás. 

El caso es que un poco antes de negarme las cuentas de la comunidad y después de esto que acabo de contar, el presidente me llamaba con demasiada frecuencia a horas que podríamos calificar como "inoportunas", sobre las 10 pm, 11 pm e incluso más tarde. Además, se tiraba un rato largo escuchando y sobre todo justificando sus actuaciones en la finca de cara a la demanda abierta contra la promotora. Luego descubrí que no era el único que recibía esta suerte de llamadas intempestivas, de hecho, a veces llamaba durante los fines de semana sin importar si estabas ocupado o no. Al menos durante estas conversaciones pude comprobar como este individuo psicopático con trastorno de la personalidad, lo único que pretendía era manipularme para su causa; y claro, aquí está la cuestión: ¿de qué causa hablamos?

Aún después de varios años me hierve la sangre cuando rememoro cualquiera de los acontecimientos relacionados con aquella maldita compra. Cuantas noches pasaría en vela intentando buscar una solución para este gran problema en el que yo solito me había metido. A todo esto, por aquellos tiempos, comentar algo en contra del presidente se consideraba ofensivo, incluso como un insulto personal, pues a la vista del resto de comuneros este individuo era visto como un heroe contemporáneo capaz de echarse a sus lomos los problemas de la comunidad y luchar contra un adversario formidable: un banco y una constructora internacional. Es decir, a sus ojos y a los de otros muchos, defendía los intereses sin pedir nada a cambio, sin ni siquiera exigir contraprestación por su tiempo y dedicación. Exacto, demasiado bonito para ser cierto, ¿verdad?

De mis conversaciones con el presidente comprendí que nuestro administrador, un tal Bernardo...menudo tipejo¡¡ era el sobrino de nuestro ilustre presidente, ohhh..vaya vaya vaya...además, la administración estaba estrategicamente situada a 100 Km de Benidorm, en un pueblo de la perifería de Valencia. Caray, pensé, una ciudad que probablemente cuente con la mayor tasa de administradores de fincas de España y se han tenido que ir a escoger una administracion en la conchinchina (zona norte de la antigua indochina). No le encontraba sentido, de la misma forma que tampoco se lo encontraba a los quasi dirarios emails que este individuo nos dirigía con una regularidad asombrosa. Emails que siempre, sin excepción, venian cargados de nefastas noticias y sobre todo con muchas fotos de desperfectos. 

Tampoco podía entender como de común acuerdo entre todos los comuneros, exceptuando a la promotora obviamente, deciden evidenciar publicamente todos estos desperfectos y degradar de esta forma la imagen de la finca a nivel nacional e incluso internacional. Esta estrategia que tardé algo en comprender no tenia sentido desde ningún punto de vista, pues para los propietarios lo normal es que tu finca se revalorice de alguna manera, pues es una inversión, y para los que deseamos disfrutarla no queremos escuchar el desastre en el que vivimos, bastante mala suerte hemos tenido ya con meternos ahí, en todo caso queremos escuchar soluciones. 

Curiosamente, la pasividad con la que se afrontaban cada uno de los problemas del edificio, muchos de ellos comunes a cualquier edificación nueva acabada a la sombra de la quiebra por culpa de la crisis inmobiliaria, era realmente asombrosa. En muchos casos parecía que precisamente se buscaba eso: no solucionar el problema. Esto era así especialmente para los defectos visibles, cosa que variaba para los ocultos, en este último caso muchas veces la solución pasaba por dos vías: chapuza para salir del paso y factura abultada al infinito, inflada. Lo normal era un mix de ambas. 

Con esto se llega a mi primera asistencia a una junta general para debatir varios temas y aprobar las cuentas. Un día antes recibo una especie de lista de gastos que se supone son las cuentas a presentar y qué únicamente me entregaron a causa de mi insistencia. 

La complejidad en la composición de la comunidad en este tipo de macroresidenciales es bastante curiosa. Un gran porcentaje de la comunidad está formado por propietarios extranjeros (ingleses, rusos y algún que otro holandés), recuerdo que en aquella epoca los rusos eran numerosos y ninguno de ellos hablaba español. Otro porcentaje empresas, todas ellas sociedades, que habían invertido en activos inmobiliarios por diversos motivos que no siempre sería la especulación. Otro porcentaje propietarios individuales, personas físicas y finalmente la promotora con más del 50% de la propiedad. 

Al estar demanda dejó de ingresar las cuotas en las arcas comunes para hacerlo en una cuenta judicial. Este fue otro de los nocivos efectos de la demanda sin ánimo de negociar. Qué bonito es luchar contra goliat cuando no hay problema de dinero en el bolsillo. Realmente no había tantos morosos como cabría esperar. Hasta ese mismo momento, las cuotas, que eran relativamente asequibles para el tipo de residencial del que hablamos, pasaron a ser increíblemente elevadas. Hablamos de un presupuesto de 658.000 €¡¡¡.

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